Caminaba por la calle esperando la micro para ir a mi casa cuando me encontré con mi mamá, que me dijo que tomara otra micro que acababa de parar al lado de nosotras porque también me servia, lo hice, pero la micro subió por otras calles, no las que iban a mi casa, y subió el cerro por una cuesta. En la micro nos encontramos con dos amigas de mi mamá y nos sentamos al lado de ellas, mi mamá se acostó de lado apoyando la cabeza en mis piernas y las cuatro nos pusimos a cantar una canción, subimos cantando casi toda la subida por la cuesta. Podia ver desde arriba toda la cuidad, y aunque el camino por el que andaba la micro era angosto no teniamos miedo. En el trayecto vi a unos escaladores que subían el cerro, pero ellos estaban flotando, era como si el cerro no tuviera gravedad para ellos, entonces su escalada consistía en aferrarse a las plantas con las manos, cuando todo el resto de su cuerpo flotaba, y así subir hasta la cima, si se soltaban de las plantas se iban flotando hasta que desaparecían, lo que para los escaladores tradicionales, era equivalente a caerse. Las amigas de mi mamá se amarraron unas cuerdas en la ropa porque iban a volar en una especie de alas delta y me invitaron, yo acepte y salimos volando de la micro que le había desaparecido el techo.



El problema era que yo no había dejado mis paquetes, y andaba con una mochila mal puesta en la espalda y una bolsa con no se que cosas en las manos, por lo que me costaba mucho afirmarme de las alas delta, además ellas no me habían pasado una cuerda para amarrarme, así que yo no estaba asegurada de ninguna parte, solo tenia que afirmarme fuerte con mis manos. No disfruté el vuelo porque me costaba afirmarme a causa de los bultos que llevaba, tenia miedo de soltarme y caer y además estaba un poco enojada conmigo misma por no haberlos dejado en la micro. Volamos así un rato hasta que aterrizamos en el suelo, y mientras nos preparábamos para elevarnos otra vez yo les pedí que me esperaran un segundo para poder sacarme la mochila y dejar la bolsa en el suelo, a fin de volar mejor. Dejé mis pertenencias en el suelo y me afirme del alas delta, pero algo pasaba que no podíamos subir, era como que el alas delta se desarmaba, ellas trataban de arreglarlo pero era inútil y decían que con algunas personas pasa eso, yo les pregunté por que con algunas personas pasaba eso y con otras no, y por que antes si había podido volar y ahora no. Me respondieron con total aire de desinterés que no lo sabían y se fueron.

Creo que no se vale pedir dejar nuestros pesos para poder jugar, quizás los pesos son parte del juego y no nos hemos dado cuenta. Siempre rezamos y pedimos que las cosas se solucionen, que los obstáculos desaparezcan, que los caminos sean fáciles. Pero a lo mejor ese es precisamente el juego; aprender a afirmarse del alas delta con la mochila mal colgada en la espalda y con la bolsa en la mano, y dejar que se vallan cuando se tengan que ir, que eso no impida disfrutar del viaje.








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